Me diste mil razones para huir y ninguna para quedarme. Sigo buscando aquel atardecer que me robaste y el cual nunca más volvió a reflejarse en mi vida. Si tuviese la oportunidad de elegir, te elegiría por encima de toda esta catástrofe, a pesar de saber de manera anticipada que serás una herida que, con el tiempo, se convertirá en esa costra que me quitaré para que nunca sane. Así de dañino soy conmigo mismo. Me enfermo a los únicos y escasos momentos que sufro de felicidad. Con la poesía me pasa lo que el cocainómano con la droga. Por eso busco personas dañinas que, como yo, prefieren una historia con cicatrices, que una tan intacta que cualquier suspiro pueda romper. Por eso me enamoro de tormentas. Por eso me enamoré de ti.


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